Maneras de vivir


Ya de vuelta de mi viaje de novios y con la vista puesta en el lunes día de reincorporación al trabajo me siento de nuevo ante el ordenador que tan abandonado tuve este último mes y leo y releo cientos de emails, pego un repaso a mi lector de RSS que está desbordado, visito esos blogs que sigo asiduamente, actualizo Facebook, Twitter… y así sin darme cuenta ya estoy metido de lleno en la dinámica de trabajo de cuando era un hombre soltero  y con las pilas cargadas para el sprint final del año.
Sin embargo antes de volver a los posts sobre tecnología me gustaría hacer una reflexión (más propia de mi ciberamigo el viajero accidental que de este blog) sobre mi experiencia Tailandesa y las diferencias en el modus vivendi entre dos culturas tan distintas como la oriental y la española.
Dicen que la cara es el espejo del alma y se me cae la cara (o el alma) a los pies cuando visualizo esos tristes espejos españoles. Thailandia es el país de la sonrisa, así se venden y puedo confirmarlo. La gente acostumbra a llevar en su rostro una sonrisa no forzada que se torna en exagerada cuando eres el receptor de un servicio (entiéndase volar con la compañía local Thai, ser huésped de un hotel…), algo así como el “dientes, dientes que es lo que les jode” que diría la Pantoja. Acompañando esa gran sonrisa las manos a la altura del pecho (cual foto de la primera comunión) y un respetuoso “Sawasdee krub/kaa” dependiendo de si eres hombre o mujer como saludo. Es tal la repetición de estos gestos de afecto que te llegas a sentir mal si no correspondes al saludo al menos con una amplia sonrisa (algunos somos tendentes a mimetizarnos con todo, sí ¡ye lo que hay!).
Barajas, Madrid. Tras quince días de gestos y sonrisas llega uno con el mejor de sus gestos al aeropuerto (orquídeas prendidas en la ropa de las mujeres aún recuerdan el origen del vuelo), coges un carrito y te diriges a la cinta para recoger el equipaje, chocas con otra persona y se te escapa un “sorry” te das cuenta de que el tipo es tan español como tú y que has hecho el gilipollas pero continúas con la sonrisa, el tipo ya ni te mira, coges tus maletas haciéndote hueco entre dos maleducados que con la vista en el inicio de la cinta esperan las suyas y te miran como si tuvieras tú la culpa de que la tuya haya salido antes, te disculpas (esta vez en español) como si nada, coges todas tus cosas y te vas a tomar algo. En la cafetería no te dicen ni hola, nadie te da los buenos días y lo más sangrante ni te contestan cuando tú lo haces. La camarera con cara de pocos amigos eleva ligeramente el mentón mirándote de soslayo. Aprovecho y pido dos cafés con leche y un pincho por favor. Entiendo que no es sorda porque sin decir nada más se dirige a la máquina de café, tampoco es muda porque aunque a mi no me ha dirigido la palabra si se deja querer por un tío malencarado que bebe la segunda copa de terry (son las siete de la mañana) y que medio minuto antes le había montado un pollo a un señor mayor que pedía un desayuno para él y su mujer porque tardaba. Aparecen los cafés y el precio sí me lo dice de viva voz, un detalle, quizás cree que no se leer la nota, no importa, pago y le regalo otra sonrisa a la vez que le doy las gracias. Me voy a la mesa y mientras revuelvo el café miro alrededor, las caras son de siete de la mañana, los pocos que hablan lo hacen en todo elevado… Sí, definitivamente hemos vuelto a España.
Vamos a creer al gran Rosendo y pensar que … “No pienses que estoy muy triste, si no me ves sonreír, es simplemente despiste, maneras de vivir”  subir el volumen y sonreir todos… es una buena forma de empezar el día.

Ya de vuelta de mi viaje de novios y con la vista puesta en el lunes día de reincorporación al trabajo me siento de nuevo ante el ordenador que tan abandonado tuve este último mes y leo y releo cientos de emails, pego un repaso a mi lector de RSS que está desbordado, visito esos blogs que sigo asiduamente, actualizo Facebook, Twitter… y así sin darme cuenta ya estoy metido de lleno en la dinámica de trabajo de cuando era un hombre soltero :) y con las pilas cargadas para el sprint final del año.

Sin embargo antes de volver a los posts sobre tecnología me gustaría hacer una reflexión (más propia de mi ciberamigo el viajero accidental que de este blog) sobre mi experiencia Tailandesa y las diferencias en el modus vivendi entre dos culturas tan distintas como la oriental y la española.

Saludo ThaiDicen que la cara es el espejo del alma y se me cae la cara (o el alma) a los pies cuando visualizo esos tristes espejos españoles. Thailandia es el país de la sonrisa, así se venden y puedo confirmarlo. La gente acostumbra a llevar en su rostro una sonrisa no forzada que se torna en exagerada cuando eres el receptor de un servicio (entiéndase volar con la compañía local Thai, ser huésped de un hotel…), algo así como el “dientes, dientes que es lo que les jode” que diría la Pantoja. Acompañando esa gran sonrisa las manos a la altura del pecho (cual foto de la primera comunión) y un respetuoso “Sawasdee krub/kaa” dependiendo de si eres hombre o mujer como saludo. Es tal la repetición de estos gestos de afecto que te llegas a sentir mal si no correspondes al saludo al menos con una amplia sonrisa (algunos somos tendentes a mimetizarnos con todo, sí ¿que pasa? ¡ye lo que hay!).

Barajas, Madrid. Tras quince días de gestos y sonrisas llega uno con el mejor de sus gestos al aeropuerto (orquídeas prendidas en la ropa de las mujeres aún recuerdan el origen del vuelo), coges un carrito y te diriges a la cinta para recoger el equipaje, chocas con otra persona y se te escapa un “sorry” te das cuenta de que el tipo es tan español como tú y que has hecho el gilipollas pero continúas con la sonrisa, el tipo ya ni te mira, coges tus maletas haciéndote hueco entre dos maleducados que con la vista en el inicio de la cinta esperan las suyas y te miran como si tuvieras tú la culpa de que la tuya haya salido antes, te disculpas (esta vez en español) como si nada, coges todas tus cosas y te vas a tomar algo. En la cafetería no te dicen ni hola, nadie te da los buenos días y lo más sangrante ni te contestan cuando tú lo haces. La camarera con cara de pocos amigos eleva ligeramente el mentón mirándote de soslayo. Aprovecho y pido dos cafés con leche y un pincho por favor. Entiendo que no es sorda porque sin decir nada más se dirige a la máquina de café, tampoco es muda porque aunque a mi no me ha dirigido la palabra si se deja querer por un tío malencarado que bebe la segunda copa de terry (son las siete de la mañana) y que medio minuto antes le había montado un pollo a un señor mayor que pedía un desayuno para él y su mujer porque tardaba. Aparecen los cafés y el precio sí me lo dice de viva voz, un detalle, quizás cree que no se leer la nota, no importa, pago y le regalo otra sonrisa a la vez que le doy las gracias, tampoco me contesta. Me voy a la mesa y mientras revuelvo el café miro alrededor, las caras son de siete de la mañana, los pocos que hablan lo hacen en todo elevado… Sí, definitivamente hemos vuelto a España.

Vamos a creer al gran Rosendo y pensar en aquello que decía … “No pienses que estoy muy triste, si no me ves sonreír, es simplemente despiste, maneras de vivir”  subir el volumen y sonreir todos… es una buena forma de empezar el día.

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Acerca de Fran Rojo

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4 respuestas a Maneras de vivir

  1. Elena dijo:

    Habrá de todo y yo, de verdad, odio generalizar pero POR LO GENERAL (sorry, sorry) no nos caracterizamos en España por lo majo y lo educado. Yo entiendo que a veces es difícil sonreír a las 7 de la mañana, que tratar con cierta gente cuesta … pero tal como está el patio ¿no deberíamos recordar de cuando en cuando la inmensa suerte que tenemos de tener un trabajo? Está claro que en el sofá tumbao no se aguanta a nadie (te aguantas a ti mismo que a veces es peor) pero tampoco se cobra…

  2. Beatriz dijo:

    Totalmente de acuerdo.

    Incluso por teléfono, qué sensación más diferente transmiten un “Buenos días, ha llamado a xxxx, ¿en qué puedo atenderle?” y un “diga”.

    Hay un proverbio persa que dice “Con palabras agradables y un poco de amabilidad se puede arrastrar a un elefante de un cabello”.

    Deberíamos aplicarnos el cuento, no sólo porque si tenemos un negocio lo atenderemos mejor, sino porque, a fuerza de sonreir, nuestro espíritu se alegrará.

    Bienvenido de nuevo, jefe! :)

  3. JLMON dijo:

    Hey Fran
    Qué envidia, este año las vacaciones han sido cortas.
    Disfruta que lo bueno empieza ahora

  4. Alicia dijo:

    Hola Fran, lo primero darte la enhorabuena, ya nos contarás que tal llevas eso de que te llamen “marido” je je¡¡¡ El viaje maravilloso seguro, que envidia nos vas a dar¡¡¡

    En el centro de empresas, prometemos esperarte con una sonrisa,con los brazos abiertos para darte un abrazo, aunque sean las 8 de la mañana, pero no vamos a decirte eso de “Sawasdee krub”, aquí ya sabes que somos un poco más brutos y será algo así como.

    !bienvenido cabrón… ya era hora que volvieras a trabajar¡¡¡ ja ja ¡¡¡

    Nos vemos el lunes.

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